El cambio geopolítico sin costo

Imagen creada con inteligencia artificial.
Un equipo estadounidense extrajo al dictador Nicolás Maduro de Caracas el sábado 3 de enero de 2026 en la madrugada.

Todo país que quiso cambiar un cálculo de poder tuvo que pagar con lápidas, salvo Estados Unidos cuando se llevó a Maduro.


La realidad simplista detrás de la captura de Nicolás Maduro, encapsula hoy un hecho geoestratégico que pocos analistas se atreven a verbalizar. La operación que capturó a Maduro rompió con décadas de práctica internacional, reconfigurando el equilibrio de poder sin el baño de sangre que históricamente acompaña a esos cambios. Estados Unidos ejecutó una intervención militar que no solo sacó a un líder de su terreno, sino que alteró la percepción global del uso del poder militar norteamericano.

Normalmente esos cambios se dan en guerras sangrientas o conflictos prolongados. Esta vez dos heridos leves, y ningún campo de batalla abierto visible. ¿Por qué? Primero, porque el Estado venezolano resultó ser a un “tigre de papel”, sin capacidades para repeler una operación relámpago de fuerzas especiales coordinadas. Venezuela no tiene un aparato militar capaz de sostener una defensa significativa contra un ataque sofisticado.

Eso, claro, no es una defensa de la dictadura venezolana ni de sus crímenes internos; es un tema distinto al del cálculo de poder mundial. Pero sí explica por qué se generó una ventana geoestratégica tan clara, ante un Estado debilitado internamente, con instituciones corroídas y fuerzas armadas poco cohesionadas.

Washington quiso, además, mandar un mensaje a toda Latinoamérica de que desafiar la hegemonía estadounidense con retórica o alianzas externas tiene un costo real. En horas, discursos de varios mandatarios latinoamericanos se realinearon, demostrando que el mito de “no habrá problemas por usar cierta retórica contra EEUU” se quebró en una sola noche.

Para el resto del mundo, el salto es aún más evidente. Estados Unidos no solo posee capacidades militares excepcionales, sino que está dispuesto a usarlas de forma sorpresiva y decisiva cuando conviene. Rusia y China, dos potencias que invierten en sistemas antiaéreos, guerra electrónica y defensa del espectro electromagnético, tendrán que repensar sus estrategias, puesto que muchas de esas capacidades no evitaron ni ralentizaron la operación norteamericana.

Al final, lo que se demostró fue tanto la fuerza tecnológica de Washington, así como le hecho que las viejas doctrinas de equilibrio y seguridad internacional están hoy en revisión brutal. Ya no basta con tener armas sofisticadas si no hay cohesión estratégica y voluntad política.

Este artículo de análisis se corresponde con este video.

https://youtube.com/shorts/rYvQ2RhHV7w

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Jamie Larson
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